Negación, oposición, adaptación, evolución o revolución: las cinco formas en que una empresa puede reaccionar frente a la transformación, y por qué la crisis puede ser la mejor oportunidad.
Que en los últimos años el mundo nos plantea un nuevo escenario cada vez más vertiginoso al que adaptarnos no es ninguna novedad. Procesos de transformación que tardaban décadas hoy exigen a las empresas mutar constantemente a fin de adaptarse, día a día, a las nuevas reglas de juego.
Los adelantos tecnológicos y la fuerza de las telecomunicaciones nos imponen hoy acelerados cambios que recompensan, en primer lugar, la capacidad versátil de las empresas. Hoy más que nunca, la incapacidad de adaptación a un nuevo entorno castiga a las empresas con una menor rentabilidad y, a veces, lleva ineludiblemente a la quiebra.
¿Qué entendemos por cambio?
Cambio es la modificación de una situación, y en el mundo empresarial un cambio implica una crisis: una mutación importante en el desarrollo de un proceso. Que nos guste o no, que impulsemos nosotros el cambio o que factores exógenos nos lo impongan, es otro tema.
Es decir, como empresarios muchos cambios no podremos controlar; frente a ellos nada podemos hacer salvo adaptarnos. Sin embargo, hay cambios en nuestra empresa que sí podemos planear, y cuyo éxito depende de nuestra habilidad para diseñar el futuro y, especialmente, de nuestra destreza para manejar las resistencias y administrar el tiempo de la transición.
Cómo reaccionan las empresas frente al cambio
Ante los cambios, planeados o no, las empresas (y también las personas) tienen diferentes formas de reaccionar:
Negación
Se comporta como si nada hubiera pasado, se ignora el cambio ocurrido. En este caso generalmente se desencadena una crisis no deseada que obliga a tomar medidas de urgencia.
Oposición
Se toman medidas para no cambiar, se trata de evitarlo. La empresa se aferra a la antigua receta y el cambio sólo se posterga, a veces hasta la próxima generación o hasta una crisis de mayor envergadura.
Adaptación
Aquí se esperan los cambios pasivamente y se trata de adaptarse. Por lo general las empresas toman una posición inercial, con medidas tomadas “para salir del paso”.
Evolución
Se trata de comprender la nueva situación para planear acciones. Se pretende controlar y guiar el proceso de cambio. Las empresas en esta situación llevan a cabo un plan coherente y efectivo.
Revolución
Se rompe con lo existente. La empresa es el actor principal del cambio y trata de implantar algo totalmente nuevo. Suelen ser organizaciones que pasan a liderar el mercado de la noche a la mañana — Microsoft, Google.
A veces muchas de estas etapas se suceden unas a otras: cada empresa, según sus características y su liderazgo, se situará en una u otra fase y las procesará con mayor o menor rapidez.
La crisis como oportunidad
Si bien es cierto que un cambio representa algo nuevo, y en el mundo empresarial mayor incertidumbre económica, no evolucionar también implica un riesgo. En tal circunstancia se hace necesario ver una crisis como una oportunidad y no como una amenaza.
La crisis trae progresos. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
— Albert Einstein
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