Qué software comprar, cuál conviene a tu empresa y cómo gestionar la transición. ERP, CRM, WMS y las cinco formas en que las organizaciones reaccionan al cambio.
¿Está pensando en incorporar un nuevo software? En medio de la revolución tecnológica que estamos viviendo, el mundo plantea un nuevo escenario cada vez más vertiginoso al que adaptarse. Procesos que antes tardaban décadas hoy exigen mutar a súper velocidad —y algo es seguro: quien no logre adaptarse a tiempo, quedará fuera del mercado.
Tres preguntas que se hace todo dueño de empresa
¿Qué tecnología comprar?
¿Cuál es la más conveniente para mi empresa?
¿Cómo la incorporo a mi organización?
El nuevo escenario digital
Para dimensionar el tema, considere este dato de color según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE):
+124%
de crecimiento del e-commerce en Argentina respecto del año anterior, con $905.143 millones facturados y más de 164 millones de órdenes de compra. La economía digital dejó de ser una opción lateral.
Pero no todo se reduce a las ventas a través de internet con un sitio e-commerce, plataformas como Mercado Libre o redes sociales como Facebook e Instagram. En la actualidad existen multiplicidades de aplicaciones para optimizar la operatoria de las empresas: desde apps móviles para control de ventas, cobros, stock o ruteo, hasta sistemas que ordenan la organización interna.
El glosario indispensable: ERP, CRM y WMS
Cuando hablamos de soluciones informáticas vale la pena distinguir las tres familias más relevantes para una empresa:
ERP
Enterprise Resource Planning
Sistema de planificación de recursos empresariales. Centraliza la operatoria transaccional: facturación, compras, cobros, pagos, tesorería, stock y contabilidad.
CRM
Customer Relationship Management
Gestión de la relación con el cliente. Facilita el seguimiento comercial, el embudo de ventas, la atención posventa y la fidelización.
WMS
Warehouse Management System
Sistema de administración de almacenes. Optimiza la operatoria de depósito: ubicaciones, picking, recepción y despacho de mercadería.
A esta lista se suman herramientas para organización de proyectos y tareas, tableros de BI, plataformas de comunicación interna y un ecosistema en crecimiento permanente. La pregunta no es si sumar tecnología, sino cuál y cómo.
Tecnología y adaptación
Pero no todo es tecnología, después de todo la tecnología se adquiere y listo. El verdadero tema es: ¿qué tecnología comprar?, ¿cuál es la más conveniente para mi empresa?, ¿cómo la incorporo a mi organización?
La incorporación de nuevas tecnologías implica un relevante estrés en las organizaciones, y no es menor la inversión en tiempo que se requiere para una correcta inducción del personal que debe adaptarse al nuevo entorno. Los adelantos tecnológicos imponen hoy cambios acelerados que desafían la capacidad versátil de las empresas.
Las organizaciones con mayor flexibilidad y adaptabilidad al cambio aprovechan mucho más este esfuerzo y, sin duda, logran un mayor fruto. La incapacidad de adaptación a un nuevo entorno castiga a las empresas con menor rentabilidad —y a veces incluso las lleva a la quiebra.
Cambiar o morir en el intento
En el mundo empresarial privado la adaptación es crucial. Pero, ¿qué entendemos por cambio? Cambio es la modificación de una situación, y en el mundo empresarial implica una crisis, una mutación importante en el desarrollo de un proceso. Que nos guste o no —que lo impulsemos nosotros o que factores exógenos nos lo impongan— es otro tema.
El entorno juega sus cartas: como empresarios no podremos controlar todas las variables que nos afectan. Frente a cambios exógenos, nada podemos hacer salvo adaptarnos. Pero hay cambios en nuestra empresa que sí podemos planear, y cuyo éxito depende de nuestra habilidad para diseñar el futuro y, especialmente, de nuestra destreza para manejar las resistencias y administrar el tiempo de la transición. Esto es precisamente lo que debemos hacer cuando evaluamos incorporar una nueva tecnología.
Las cinco formas de reaccionar al cambio
La teoría nos dice que ante los cambios, planeados o no, las empresas (y también las personas) tienen diferentes formas de reaccionar:
1
Negación
Se comporta como si nada hubiera pasado, se ignora el cambio. Generalmente termina en una crisis no deseada que obliga a tomar medidas de urgencia, cuando ya es tarde.
2
Oposición
Se toman medidas para no cambiar, se trata de evitar el cambio. Se queda anclada a la antigua receta: el cambio solo se posterga —a la próxima generación o hasta una crisis mayor.
3
Adaptación
Se esperan pasivamente los cambios, se trata de adaptarse. Posición inercial: medidas "para salir del paso", sin un plan que aproveche realmente la nueva tecnología.
4
Evolución
Se trata de comprender la nueva situación para planear acciones. Se controla y guía el proceso de cambio. Empresas en esta situación llevan a cabo un plan coherente y efectivo.
5
Revolución
Se rompe con lo existente. Se es el actor principal del cambio, implantando algo totalmente nuevo. Generalmente son empresas que pasan a liderar el mercado de la noche a la mañana —Microsoft, Google.
A veces muchas de estas etapas se suceden unas a otras. Cada empresa, según sus características y su liderazgo, se situará en una u otra fase y la procesará con mayor o menor rapidez. Un líder consciente es aquel que ve la posibilidad de generar un cambio.
La crisis trae progresos. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
— Albert Einstein
Tomar el toro por las astas
Si bien un cambio representa algo nuevo y, en el mundo empresarial, mayor incertidumbre económica, no evolucionar también implica un riesgo. En tal circunstancia se hace necesario ver la crisis del cambio como una oportunidad y no como una amenaza.
El consejo es tomar el toro por las astas: planear, asesorarse ante la necesidad de incorporación de un software y ser conscientes del cambio que uno está provocando.
En EKO Consultora ayudamos a las empresas a elegir e implementar la tecnología adecuada: relevamos los procesos, identificamos qué herramienta resuelve cada necesidad, gestionamos la transición y acompañamos al equipo durante todo el cambio. Convertimos la incorporación tecnológica de una crisis en una palanca de crecimiento.
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